La discriminación hacia las personas transgénero se refleja en el tortuoso procedimiento al que deben someterse para obtener reconocimiento legal según su identidad sexual en Japón.

A mediados de marzo de 2019, la organización publicó un informe en “A Really High Hurdle” Japan’s Abusive Transgender Legal Recognition Process, una investigación que documenta la forma en que la legislación nipona perjudica a las personas transgénero que desean ser reconocidas legalmente pero no pueden o no quieren someterse a procedimientos médicos irreversibles.

“La ley se basa en una premisa obsoleta que trata la identidad de género como una denominada ‘enfermedad mental’ y debería revisarse con urgencia, aseguró Kanae Doi, directora en Japón de Human Rights Watch”. 

La organización de derechos humanos aseguró que estas medidas atentan contra la dignidad de las personas y diversos estándares médicos internacionales, al tiempo que llamó a las autoridades de Japón a dejar de obligar a las personas transgénero a ser esterilizadas como requisito para conseguir su identidad legal:

“Requerir una intervención médica como condición para que su identidad de género sea reconocida legalmente viola las obligaciones de Japón en materia de derechos humanos y va en contra de los estándares médicos internacionales”. 

El camino para que una persona transgénero logre su reconocimiento legal en Japón es tortuoso. La ley contempla algunos requisitos previos, como estar soltero, no tener hijos (o bien, que sean mayores de 20 años) y someter a la persona interesada a una evaluación psiquiátrica que finalmente determinará si padecen “trastorno de identidad de género” para ser esterilizados mediante métodos quirúrgicos. Una vez cumplido este violento trámite, es posible obtener una identificación acorde con su identidad de género.

“Esto es regresivo y perjudicial. Los requisitos se basan en una idea obsoleta y peyorativa de que una identidad transgénero es un problema de salud mental, y obliga a las personas transgénero a someterse a procedimientos médicos prolongados, costosos, invasivos e irreversibles”. 

Si bien la identidad transgénero fue estigmatizada, patologizada y presentada durante siglos como una enfermedad mental y clasificada como tal por algunos de los organismos de salud más importantes del globo, la Organización Mundial de la Salud cambió el paradigma en 2018 y eliminó esta identidad de género de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE).

La Asociación Americana de Psicología (APA) suavizó el término a finales de 2012 y desde entonces concibe la identidad trans como “disforia de género”; no obstante, aún queda un largo camino para que los derechos y la diversidad sexual sean reconocidas y protegidas legalmente.

Con información de Cultura Colectiva

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