• El Archivo General de la Nación resguarda informes presidenciales, documentos de evidencia del Poder Ejecutivo

A lo largo del tiempo el informe presidencial ha sido la manera de hacer comparecer al Poder Ejecutivo sobre su actuar en los asuntos concernientes a la Nación, estos han sido registrados en diversos soportes de información que en la actualidad pueden ser consultados en el Archivo General de la Nación por cualquier ciudadano.

El antecedente sobre el informe presidencial se tiene en la etapa inicial del México Independiente y pertenece a Guadalupe Victoria, el primer presidente de la nación, quien el 1ro de enero de 1825 pronunció su discurso ante el Congreso de la Nación para cumplir con lo que la Constitución de 1824, en su artículo 68, dictaba: el Presidente de la federación asistiría a la primera sesión del Congreso, con el fin de pronunciar “un discurso análogo a este acto tan importante”.

A pesar de no ser necesario presentar un informe por escrito sino solamente un discurso, los medios de información del Estado recuperaron aquel primer informe. El periódico El Sol registró en su primera página las palabras pronunciadas por Guadalupe Victoria, las cuales más que comentar la apertura del primer Congreso de la República Federal estuvieron encaminadas a dar una breve relación de sus primeros meses de gobierno, informando sobre la situación del ejército, de la Suprema Corte de Justicia y los trabajos diplomáticos de México con las otras naciones, es decir, temas que denotaban el contexto político, económico y social por el que atravesaba el país recién constituido como República Federal. Aquel discurso estableció la imagen del presidente como ente capaz de enmendar los problemas del país.

Sin embargo, la convulsiva situación del país durante el siglo XIX causó que varios de los presidentes de aquel siglo no lograran terminar su periodo de gobierno ya fuera por traiciones, sublevaciones militares, abandono del cargo, invasiones extranjeras o golpes de estado, que daban como resultado que el Poder Ejecutivo cambiara de acuerdo con la facción política o militar que se atribuía el poder.

Por esa razón los discursos que fueron pronunciados por los presidentes del siglo XIX son transcendentales ya que son el reflejo del estado que presentaba el Poder Ejecutivo en determinados periodos, un poder que en ocasiones era dominante y otras ausente, motivo por el cual dentro de la historia nacional de este siglo tenemos presidentes que sobresalen mientras que otros pasan desapercibidos.

Benito Juárez ejemplifica dicha idea, considerado ejemplo de cómo un mandatario debe superar las adversidades, pues en su periodo de gobierno tuvo que sobrellevar la Guerra de Reforma, la Segunda intervención francesa y la Restauración de la República, acontecimientos que quedaron señalados en dos de sus informes pronunciados ante los representantes de la soberanía del pueblo. Ambos, más que referir un informe detallado sobre la Administración Pública, fueron encaminados a un discurso sobre el contexto político y social por el cual había atravesado la República Mexicana. El primero fue pronunciado el 9 mayo de 1861 ante la apertura de sesión del Congreso de la Unión, como se marcaba en la Constitución de 1857, las líneas de ese informe hacían referencia a la guerra civil y al sacrificio de los ciudadanos que después de tres años de sangriento combate se había logrado defender la causa de la Constitución y el proceso de la reforma.

El segundo discurso pronunciado ante los congresistas, fue emitido el 8 de diciembre de 1867. Las palabras emitidas por el representante del Poder Ejecutivo transmitieron un claro mensaje de agradecimiento al pueblo por su participación en la defensa de la independencia y de las instituciones, pues prácticamente de 1861 a 1867 se había combatido al gobierno invasor a lo largo de todo el territorio. Asimismo, fue un llamado a las otras naciones a respetar la soberanía de la nación mexicana, que aplicaría toda la Ley a cualquier invasor, poniendo como ejemplo la ejecución de Maximiliano de Habsburgo.

Como se puede observar, ambos discursos fueron encaminados a denotar la lucha por la persistencia de la República a manos de los liberales y del pueblo mexicano, así como a hacer notar un Estado fuerte en el cual prevalecía, ante cualquier cosa, los principios de la ley y que defendía el proceso de la reforma, necesario para el progreso del país.   

Aquel periodo del Poder Ejecutivo culminaría con la muerte de Benito Juárez, desatando una lucha por el poder entre Sebastián Lerdo de Tejada, José María Iglesias y Porfirio Díaz, siendo este último quien a través del pronunciamiento militar alcanzaría el poder y lo perpetuaría por más de 30 años. Sus informes presentados a los congresistas no “ofrecerían novedades extraordinarias” pues su gobierno con mano dura marcó un periodo de aparente paz y progreso, en donde los disidentes eran silenciados, las obras proseguían, las funciones de las intuiciones continuaban y los servicios se ampliaban; sin embargo, los beneficios eran para la clase que mantenía el poder, mientras que las condiciones del campesino, del obrero y del pueblo en general se volvían menos llevaderas, circunstancias que sumadas al descontento de la inmovilidad política del país conducirían a la Revolución Mexicana  encabezada en un inicio por  Francisco I. Madero.

La primera etapa de la Revolución culminaría con el proceso democrático que llevó a Madero al poder. El 16 de septiembre de 1912 presentó su primer informe en la apertura de sesión del XXVI Congreso de la Unión, en el cual rescataba el cambio que a raíz de la Revolución se había dado en la nación, tal como la emanación legítima de un gobierno a través del voto popular, la conquista del sufragio y de la no-reelección. Sin embargo y como reconocía Madero, el movimiento revolucionario no había culminado ahí, pues algunos puntos del territorio aún se encontraban alzados abanderando la lucha de otras demandas como era el caso del estado de Morelos donde el campesino sostenía una contienda por la tierra concentrada en manos de los grandes hacendados. Debido a que en 1913 fue víctima del magnicidio, junto con el vicepresidente José María Pino Suarez, confabulado por Victoriano Huerta, éste fue su único informe.

Una nueva etapa dentro de la Revolución se presentó con Venustiano Carranza quien desconocería la vestidura presidencial de Victoriano Huerta llamando a los demás gobernadores, militares y al pueblo en general a sumarse a la conformación del Ejército Constitucionalista y defender los principios legalistas de la nación. De este proceso surgió la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, siendo Venustiano Carranza el primer presidente que gobernaría con esta nueva Carta Magna que en su artículo 69 retomó la presentación del informe, esta vez con la obligación de dar cuenta sobre la administración que se encuentra a su cargo, asimismo se sumó que tenía que ser por escrito, lo que volvió al informe presidencial un documento de evidencia del actuar del Poder Ejecutivo.            

En la hemeroteca-biblioteca Ignacio Cubas del Archivo General de la Nación se pueden consultar varios informes presidenciales que quedaron registrados en varios periódicos nacional como El Sol, El Siglo XIX, así como en los medios informativos oficiales del Estado entre ellos el Diario Oficial de la Federación. Eso, por un lado, otros más pueden ser ubicados en los fondos del archivo histórico de esta dependencia como Gobernación (sin sección), y en los distintos fondos presidenciales que tienen su origen en la documentación transferida del Poder Ejecutivo a esta institución.  

Vía: Archivo General de la Nación

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